Tumbada en el colchón que estaba tirado en el suelo, sin ningún mueble que ocupara las tristes y vacías paredes color azul claro de mi cuarto, miraba, pensativa, el techo, en el que de vez en cuando se veía algún que otro rayo proveniente de la enorme tormenta que había fuera.
Mi intención había sido ir corriendo, bajo la lluvia y con el pijama, a la casa de Niall y decirle que aceptaba a todo lo que decía en la carta, pero para llegar a su casa me habría hecho falta un bote con remos, porque no había manera humana de llegar allí sin ahogarse en el intento.
-Mañana podrás ir a verle-me dijo mi padre durante la cena. Cenamos sentados en el suelo de la cocina unas pizzas que habíamos pedido. El pobre chico de las pizzas las pasó canutas para traérnoslas. No sabía por qué, pero sentía que le estaba jodiendo el día a todos los que vivían allí. El taxista, Niall, el repartidor…-Después de todo, es costumbre aquí saludar a los nuevos vecinos.
Sonreí y, más contenta, decidí dar buena cuenta del trozo de pizza que me estaba comiendo.
De nuevo, de vuelta en mi cuarto, tumbada en el colchón, veía llover desde la ventana mientras intentaba dormirme y pasar, así, mi primera noche en Londres.
Cansada de dar vueltas y desesperarme, me levanté y miré por la ventana.
En la casa de Niall había luz.
Sonreí para mis adentros al recordar cómo había conocido a mi nuevo amigo el primer día de mi llegada. Seguro que si se lo contaba a mis amigas no me creerían, pero claro, ellas estarían demasiado ocupadas olvidándome como para pensar en los amigos que yo podría echarme aquí.
Volví a mi cama, me tumbé y metí la mano bajo la almohada. Me extrañé al notar algo bajo ella.
-¿Qué…?-dije, mientras sacaba la cosa.
Era la carta de Niall.
No recordaba haberla puesto ahí.
La dejé en el suelo, a mi lado y me dormí.
A la mañana siguiente desayuné a toda prisa lo que mis padres habían comprado en el supermercado de al lado, me vestí y salí corriendo de casa. Me pensé durante unos instantes el saltar la verja que separaba la casa de Niall de la mía, pero decidí que podría matarme y entonces Niall no tendría su respuesta nunca y yo jamás conocería la ciudad.
Una vez en su porche, dudé.
¿Qué pasaba si no me abría Niall la puerta, si no su madre, su padre, algún hermano, un perro o, incluso, algún criado? ¡Qué vergüenza pasaría! Con eso no había contado, diantres.
Armándome con un valor que no tenía, llamé al timbre, que tenía un sonidito muy pegadizo.
Mientras esperaba que me abrieran, me puse a tararear el sonido del timbre. A la cuarta vez que llamé, ya lo estaba bailando. Un chaval de cuatro años que iba con su madre de la mano me señaló, dijo algo que no supe descifrar y él y su madre se rieron. Pues qué bien.
Y ahí seguía yo, de pie esperando a que me abrieran.
-Bueno-dije-A lo mejor han salido. Volveré más tarde.
Decidí ir a la casa de la derecha, para ver si me hacía más amigos, pero descubrí, para desilusión mía, que estaba vacía. Nadie vivía en ella.
-Oh, vaya-dije, con fastidio-Esto es fantástico. Uno desaparecido y ahora esto… ¡Qué vida más solitaria me espera aquí!
Volví a casa, soportando como podía el chasco que me había llevado y me aburrí allí.
No habían conectado la tele, no tenía por el momento internet y me daba un palo tremendo sacar mis cosas de las cajas, porque luego tendría que colocarlas, así que decidí tirarme por las escaleras, pero a la quinta vez perdió su gracia y fui a molestar a mi madre, que me tiró una caja vacía a la cabeza.
-Toma-dijo mi padre, dándome la caja donde había venido la tele-Diviértete un rato, maja.
Me pasé lo que quedaba de mañana metiéndome en la caja y jugando a que era una nave espacial y que era atacada por aliens gigantes, que no eran otros que los pobres hombres de la mudanza, que me miraban con pena, como diciendo “Pobre… A su edad y haciendo esas cosas”. Pues mira, y bien que me lo estaba pasando.
Mientras comíamos, les conté a mis padres mi pequeña aventura.
-Jo, y no había nadie. Ni en la casa de mi amigo ni en la de al lado.
-¿Probaste a mirar en las otras casas del vecindario?-aventuró mi madre.
-No. Era demasiado lejos para mí.
Por la tarde, fui de nuevo a probar suerte en casa de Niall, pero seguía sin abrirme nadie. Una de dos, o no había nadie o no querían abrirme. Empecé a decantarme por la segunda, pero como no quería aceptarla, cogí una silla, la puse bajo la ventana y me senté, dispuesta a observar la casa de Niall y ver si, en algún momento, se encendía alguna luz para indicar que verdaderamente había alguien y no querían abrirme o si aparecía él o algún coche, que indicara que llegaba de algún sitio al que se hubiera ido sin avisar. ¿Por qué tendría que haberme avisado? Si sólo nos conocíamos de una tarde…
Ese día Niall no apareció por allí. O si lo hizo, fue cuando yo me fui a dormir.
Con toda mi buena intención, fui de nuevo, a la mañana siguiente, pero nadie me abrió la puerta, así que colé por debajo de la puerta una carta, respondiéndole en ella a la suya. Al menos, si no me veía en persona, que viera que me había molestado en responderle.
Por la tarde, aunque estuve ayudando a mis padres a decidir cómo colocaríamos los muebles y colocamos algunos pero otros nos dio pereza, no dejé de vigilar, por la ventana, la casa de Niall. Tampoco apareció ese día, aunque vigilé hasta bien entrada la noche.
Al tercer día, comencé a desesperarme y a perder la esperanza de que Niall volviera. Se había ido para siempre, ¿quién sabe? A lo mejor Niall nunca había existido. Había sido un producto de mi imaginación, producido por mi extrema tontería o, incluso, puede que fuera un fantasma que habitara en ese banco en el que me senté. Todas mis teorías eran estúpidas, pero así, al menos, pasaba el rato. Prueba de que Niall existía era la carta, arrugada de tanto tenerla entre las manos. Puede que incluso la carta fuera imaginaria.
Sentada en el colchón del suelo, puesto que aún no habíamos montado la cama, miré las estanterías, ya montadas, tristes y vacías, puesto que no me había dado la gana de colocar mis cosas. Aún guardaba la esperanza de volver a Madrid, pero… Bueno, quizá fuera ahora el momento de colocarlas. ¡Era ahora o nunca!
-Hija, ¿cuándo saldrás a la calle?-dijo mi madre, cuando me vio tirada boca abajo en el sillón, ahogándome en la miseria de la soledad y el abandono-Hoy hace sol, como a ti te gusta.
Por extraño que me pareciera, eso era verdad. Hoy hacía sol. No hacía tanto calor ni pegaba tan fuerte como en Madrid, pero era sol y calor, al fin y al cabo. Mucho mejor que esa cortina de agua constante a la que estaban sometidos la gente aquí en Londres.
-Algún día-dije, aunque no sé si me oyó bien.-Cuando los cerdos vuelen. ¡Pero cómo eso nunca será, pues…!
Al final, me había dado mucha pereza colocar mis cosas y mi ropa y ahí se habían quedado y yo me había bajado al sillón, por no tener nada mejor que hacer.
-¡A LA CALLE AHORA MISMO!
Tuve que salir corriendo, porque si no me hubiera matado. Bueno, quizá no tanto, pero…¡Es que había cogido la escoba! Bien sabido era por mí que mi madre con la escoba era peligrosa. Aún así, me dio tiempo a coger el móvil y los cascos y huí a la calle con la discografía de McFly resonando en mis oídos en modo aleatorio.
No sabía si mi madre sabía que, la última (y primera) vez que salí de casa sola me perdí y casi no vuelvo jamás en la vida (quizás esté volviendo a exagerar) si no llega a ser por el amigo, Niall, el desaparecido.
Fui al único lugar que sabía ir. Girando la calle y ¡plam! El mítico parque, con el mítico banco donde conocí al mítico Niall. Bueno, al menos, el parque no me había abandonado.
Me senté en el que ya consideraba mi banco y me dispuse a que el tiempo y las horas pasaran, para que mi madre se pensara que había estado haciendo algo productivo durante toda la tarde (apenas había pasado la hora de comer cuando me echó… Así que tendría que esperar hasta que terminara de dormir la siesta para volver).
Me cansé de POV y decidí cambiar de canción.
Rolling in the deep me serviría, sí.
Mientras escuchaba esa y unas cuantas canciones más, estuve sentada en el banco, pensando en mis cosas, organizando mi mundo.
Me resultaba gracioso que me sintiera como Bella en Luna Nueva. Pero Niall no era un vampiro (que yo supiera) y él me había dejado una carta, cuando a ella no le habían dejado nada. Algo significaría esa diferencia, digo yo.
Cuando me harté de estar en el banco, volví a casa con Nowhere left to run como banda sonora.
-¡Mamá, que ya he vuelto!-dije, cerrando la puerta tras de mí.
Me resultó curioso que me respondiera, ya que pensé que seguiría durmiendo la siesta. Las cinco era su hora habitual de seguir durmiendo (cuando dormía la siesta, que era nunca).
-¡Cris!
-Sí, ya sé que me llamo así.-dije, entrando en el salón.-¿Qué te pasa? ¿Por qué me miras mientras sonríes? ¿Tengo algo en el pelo?
-¡No, tonta! Anda, toma. Te voy a alegrar el día.-dijo, tendiéndome un papel doblado-Me han dado esto para ti.
-¡¿Qué?!-dije, mientras avanzaba corriendo y le quitaba el papel de las manos.
¡Tenía que ser de Niall! ¡Había vuelto!
Abrí el papel.
“¡Já! Te lo has creído”
Mi cara debió de ser un poema y mis padres se echaron a reír de forma muy ruidosa.
-¿Ves? ¡Te dije que se lo creería!
-¡Espera! Le echaré una foto para recordar esa cara.
Mi padre no era capaz de apuntar con la cámara porque se doblaba de la risa y mi madre se sacaba las lágrimas.
Yo no me reí de la broma sin gracia.
Me habían timado. No solo me llevaban a un país extraño, lleno de gente extraña, sino que ahora me gastaban una broma.
-¡Habéis muerto para mí!
Les había dicho tantas veces esa frase que ya ignoraban lo que significaba.
Fui a darme la vuelta, muy enfadada para irme a mi cuarto y descargar mi ira rompiendo cajas cuando mi madre me detuvo.
-¡Espera, Cris! No te lo tomes a mal, solo queríamos gastarte una broma. Toma-dijo, tendiéndome otro papel doblado.
¡Esta sí sería de Niall!
La cogí y la abrí.
“¡Te lo creíste otra vez! Jajaja”
Mis padres estallaron en risas.
¡Malditos sean! ¿Cómo osan reírse de mí de esta manera?
-Vale, hija. Toma-dijo mi madre, tendiéndome otro papel con dobleces.
Yo la miré con desconfianza.
-Yo ya no me fio.-dije.
-Lamento lo de antes, pero es que no pudimos resistirnos. Esta es de un chico rubio que vino hará cosa de diez minutos preguntado por ti. Le dije que no estabas y me dijo “¡Ah! Pues denle esto de mi parte”.
-¡AH!-Grité, arrebatándole la carta a mi madre.
Eso tenía que ser verdad, puesto que yo no le había descrito a Niall a mi madre y ella había dicho que fue un chico rubio.
Corrí a mi cuarto para leer la carta a gusto. ¡Niall había vuelto! Y si no hubiera sido por la moñas de mi madre, yo hubiera estado en casa para verle.
-¡Da igual, si nosotros ya la hemos leído…!-oí decir a mi padre.
Algún día, me juré a mí misma, me vengaría de ellos. De qué manera, por el momento me era desconocida, pero me vengaría.
Me tiré sobre el colchón y abrí la carta. ¡Sí! ¡Era su letra!
“¡Hola vecina! ¿Qué tal te ha ido en este período de tiempo? ¿Volviste a salir de aventuras? Lo dudo, porque entonces no estarías leyendo esto, dado que estarías en paradero desconocido, perdida por algún rincón de la ciudad y me tocaría ir a buscarte.
Te preguntarás dónde estuve yo. Bueno… Si tienes tiempo y te apetece, podrías pasarte esta tarde por aquí y podría contártelo. (Si no quieres aburrirte, no vengas. Es un sabio consejo).
Veo, por la carta que me encontré, que sí que quieres que reconozcamos juntos el terreno. ¿Por qué no empezar hoy? En el hipotético caso de que no tengas nada que hacer, claro.
Bueno, pues… Aquí te espero.
Tu vecino,
Niall Horan”
Guardé la carta con la otra, bajo mi almohada, me miré al espejo, decidí que tenía un “aceptable” raspado, pero más no se podía hacer y salí de casa. Mis padres, como ya habían leído la carta, cotillos ellos, pues no preguntaron adónde iba.
Llamé al timbre de la casa de Niall y bailé, pletórica de euforia, el sonidito del timbre, porque sabía que esta vez sí me iban a abrir.
Sonreí inmensamente al ver que la puerta se abría, pero la sonrisa se me congeló cuando vi quién estaba en la puerta. No era Niall. ¿Su hermano, quizá? ¿Un primo? Eso podría explicar su ausencia.
Lo que había en la puerta era un chico alto y delgado, con el pelo rizado de una manera que nunca antes había visto. Tenía en los labios una bonita sonrisa y sus ojos eran verdes.
No pude evitar asentir con la cabeza, mientras le daba una nota del1 al 10 mentalmente. Se ganó un 12.
Me habló en inglés, pero yo ya me lo había visto venir, así que estaba preparada. Me había estado mentalizando durante estos tres días de que, a partir de ahora, el inglés tendría que ser ahora mi lengua, si quería sobrevivir en este mundo nuevo y desconocido para mí (de nuevo, volvemos a las exageraciones).
-¡Hola! ¿Has venido a buscarme? ¡Bien! Porque ya estoy listo, podemos irnos.
Yo me quedé un poco rota. ¿Y este ahora qué decía?
-Em…Que yo buscaba a…
-No importa. ¿Querías conocer la ciudad, no? Yo puedo enseñártela.
Una parte de mí estaba por decirle que sí al chico de los rizos, pero otra me recordó que había venido a buscar a Niall.
-Em…
-Y luego podríamos tomar algo y, ¿quién sabe? Puede que surja algo de…
-¡Harry!-de repente, Niall apareció y apartó al niño rizos de la puerta-¿Qué se supone que haces? ¿Puedes dejar de flirtear con todo lo que se mueve? ¡Es mi amiga!
Yo sonreí.
¡Ah! ¡Ya no sólo éramos vecinos! ¡Éramos amigos!
-Anda, entra adentro. No sé qué voy a hacer contigo, de verdad.-le dijo Niall al supuesto Harry.
Este se le quedó mirando, me miró a mí, sonrió y se fue para dentro.
Niall le siguió con la mirada y después negó con la cabeza.
-Perdona a Harry-me dijo-Él es así.
-Bah, no tiene importancia.
Nos quedamos mirándonos.
-¡Ah! Pero no te quedes ahí, pasa, pasa. Quiero presentarte a los demás.
No sabía a qué demás se estaba refiriendo, pero…
-Si esos demás son todos como ese tal Harry, entonces no sé yo si voy a querer pasar.
Niall rió.
-No, haha. Harry, gracias a Dios, solo tenemos uno y con él nos basta. Te garantizo que los demás se portarán bien.
-Vale, pues, haha.
Pasé a su lado y le rocé el hombro con el mío al pasar.
Oh, cielos.
Niall no le dio importancia y cerró la puerta tras de mí.
-¿Qué tal llevas el vivir aquí?
Me encogí de hombros.
-Cuando tengo gente con la que hablar, bien. ¿Qué clase de urbanización es esta en la que vives que no hay nadie ocupando las casas?
Él río.
-Es mejor así, créeme. Al menos, para nosotros.
-Siempre con los “demás” o “nosotros”. Pero qué pasa, ¿soy una secta o algo así? Da miedo.
Aquí nos reímos los dos.
-Podría decirse que algo, así, sí.
-Guau. Menuda sorpresa.
-Somos un grupo-me explicó-Nos formamos gracias a un concurso y nos va bastante bien, al menos, aquí. En tu querida España no sé si somos muy famosos…
-Que yo no haya oído hablar de vosotros no quiere decir que no seáis famosos. Yo nunca me entero de nada…. Vaya. Así que estoy hablando con un famoso. Vengo a Londres y en mi primer día, voy con una persona famosa.
-Tienes buen ojo.
-Bueno, el buen ojo lo tendrás tú, que fuiste quién me rescató de ahogarme en el banco. Así que, prácticamente, la persona famosa me encontró a mí-Ambos reímos-Lamentarás el día que me salvaste de ahogarme, acuérdate de mis palabras.
-Verás cómo no, haha.
Volví a encogerme de hombros.
-El que avisa no es traidor.
-Y el que no traiciona, tampoco. Bueno, ¿preparada para conocer a las causas perdidas que tengo por compañeros de grupo?
-No pero sí. Tú ya me entiendes. Una pregunta, Niall, ¿cómo se llama el grupo?
-One Direction. El nombre fue idea de tu amigo Harry.
-Oh, sí. Amigo… Pues me gusta. ¡El nombre, digo! A ver qué te vas a pensar…
-Tranquila. Muy mal gusto tendrías si te gustara Harry.
Reí.
-¿Sabes? Pensé que me habías abandonado. Te fuiste y no volvías y… No sé. ¡Para un amigo que me hecho…!
-Hahaha. No, mujer. Tuvimos que irnos los cinco a unas entrevistas. Quise avisarte, pero me acordé cuando ya tenía medio pie puesto en el coche. Lo siento.
-Vale, pero que no se vuelva a repetir, ¿eh?-dije, con voz autoritaria.
-Sí, señora.
Me desternillé de risa.
-Bueno, Niall, que desde que me has dicho que me ibas a presentar a tus amigos, ha pasado un buen rato.
-¡Ah, es cierto! Ven, vamos al salón.
Pasamos de la entrada, al salón, donde había dos chicos. Uno era el de antes, Harry y al otro no le conocía. Ambos se estaban abrazando en el sillón. Bueno, eso no era del todo cierto. El chico desconocido abrazaba a Harry mientras este intentaba huir.
Miré a Niall, en busca de una explicación.
-No te asustes. Siempre están igual.
Si se suponía que eso tenía que aclararme algo, íbamos mal.
Entonces, los dos chicos se dieron cuenta de que yo estaba ahí, de pie, mirando la tan enternecedora escena.
El chico liberó a Harry y ambos se pusieron de mí.
Le miré bien.
No era tan alto como Harry, aunque también era esbelto. Tenía un pelo precioso de color castaño, unos ojos de los que no supe distinguir el color y una estupenda sonrisa, como bien pude comprobar cuando me sonrió. O quizá no fuera a mí, pero al menos me estaba mirando.
¿Qué…Qué era esta oleada de calor que sentía? ¡Ah! Era que me había dado con el pomo de la puerta en el codo y el dolor me estaba recorriendo el brazo. Volví a mirarle y vi que él me seguía mirando. Sentí un extraño peso en el estómago y me alarmé. ¡Eh! ¿Qué estaba pasando aquí?
-Vaya, vaya-dijo él, avanzando hacia Niall y hacia mí-¿Así que esta es la chica de la que hablaste?
Yo miré a Niall con estrellitas en los ojos. ¡Había estado hablando de mí! Me daba igual que fuera bien o mal, el caso era que había hablado de mí.
-Sí. Es ella.
-Soy Cris. Un placer.-dije, alargando la mano, en un gesto de formalidad.
Él me abrazó.
-¡Bienvenida al club!-dijo. Sentí una extraña sensación de nuevo en el estómago. Pero, ¿qué leches me pasaba?-A mí todos me llaman Louis, pero puedes llamarme Louis.
-Ah, vale. Puedes aplicarte el mismo cuento conmigo.
Él rió y yo me sorprendí pensando que me agradaba haberle hecho reír.
“Eh, para el carro, maja”, me dije a mí misma.
-Y yo soy Harry-dijo Harry, avanzando un paso.
-Sí, a ti ya te conozco, ya.-dije, entrecerrando los ojos.
-Yo, como siempre, tan conocido. No me sorprende.
-¡Anda, tonto!-le dijo Niall.-Ven, anda, Cris. Antes que se le ocurra seguir flirteando contigo. ¿Dónde están Liam y Zayn?
-Atrás, jugando al fútbol o qué se yo. El caso es que tienen un balón.-dijo Louis.
-Genial. Pues vamos, Cris.
-Yo te sigo.-le dije.
Por nada del mundo iba yo a quedarme en el mismo sitio que Harry.
-Ah, pues voy con vosotros y aprovecho para tirar unos penaltis.-dijo este.
Niall le miró entrecerrando los ojos.
-Vale…¿Vienes, Louis?
-Aquí me voy a quedar yo viendo la tele solo… Voy, voy.
Salimos afuera y tuve el tiempo justo de darle un puñetazo a un balón y, evitar, así, que le diera a Harry en la cara.
Niall, Louis y dos chicos que había fuera, que supuse que serían Liam y Zayn pero no sabía en qué orden, me aplaudieron por mi hazaña.
-¡Bravo, bravo!
-¡Magnífico!
-Te debo la vida-me dijo Harry.
-Anda ya-le dije.-Ni siquiera sé por qué no he dejado que te diera.
-Porque me quieres.
-¿Ignorar, dices? Sí, tienes razón. Te quiero ignorar.
A Niall y a Louis les dio la risa con eso.
-Bueno, balones aparte… Esta es Cris.-dijo Niall.-Ya sabéis, la chica del banco.
-Haga lo que haga, empiezo a pensar que siempre se me recordará por eso.-dije yo.
Al final resultó que Liam era el chico de la derecha, que vestía una camisa y unos vaqueros, indumentaria adecuada para jugar al fútbol, desde luego y Zayn era el de la derecha, que vestía vaqueros también y una camiseta gris.
-Sí, ¿cómo olvidarla? No paras de mencionarla.
Como Harry había dicho, fue a jugar con ellos una tanda de penaltis.
-¿Quieres jugar tú también, Niall?-le pregunté yo-Podemos dejar lo de reconocer el terreno para otro día. No me corre prisa.
-¿De verdad?
-Claro, ve.-dije-Yo me sentaré aquí y os miraré.
-Si marco, te lo dedicaré a ti.
-Sería un gran detalle, gracias.
Dicho esto, me senté en las escaleras que daban al jardín trasero y les vi jugar.
Louis era una risa, todo el rato tirado por el suelo y persiguiendo el balón a cuatro patas. Liam discutía con Zayn diferentes penaltis históricos de la historia y Harry no paraba de saludarme con la mano. Tanto fue así que, en un penalti, estaba distraído saludándome, cuando Liam le marcó un gol.
Al árbitro Niall no le dio la gana de repetir el penalti y Liam obtuvo un bonito gol, gracias indirectamente a mí.
-¡Cris, mírame, mírame que me toca tirar!-dijo Niall.
Yo asentí y le mostré el pulgar hacia arriba.
-Reza lo que sepas, Harry, que yo hoy te marco-dijo Niall.
-¡Más meter goles y menos hablar!-le dije yo.
Este río, tiró y… Gol.
-¡Para ti!-dijo, señalándome.
-¡Bien!-dije, levantándome y aplaudiendo.
-Si me he dejado marcar, básicamente, porque no quería dejar a Niall mal…-dijo Harry.
-Claro que sí, Harry-dijo Louis poniéndole una mano en el hombro con gesto dramático-Claro que sí.
Al rato, Liam sugirió que yo lo intentara.
-Oh, vamos. Has estado todo el rato mirando. Inténtalo, aunque solo sea una vez.
-Pero que yo soy muy mala, de verdad. Yo soy más de estar sentada y…
-Claro, conmigo en la portería no podrías marcar de ninguna de las maneras.-dijo Harry, riendo.
-Dame ese balón, Liam. Me huele a gol.-dije, quitándole a este el balón.
-Uhh… Esto me huele a pique.
-Ya ves.
-Apuesto a que Harry se deja marcar.
-Y por qué no me extrañaría… Ese truco lo tiene muy usado.
-Y tanto.
-Quizá debamos prevenir a la chica…
-Bah, déjala. Será divertido.
-¿Qué murmuráis a mis espaldas?-dije, dándome la vuelta y mirando a los cuatro chicos.
-Nada, nada. Que suerte.
-Ah, vale.
-Vamos a hacer una cosa-dijo Harry, acercándose-Si marcas, te dejaré en paz, si fallas…
-¿Si fallo…?
-Quedamos más tarde.
Rompí a reír.
-Tú verás lo que haces con tu vida, majo.
-¿Hay trato?
Yo reí.
Que increíble me parecía que esto me estuviera pasando a mí.
-Hay trato.
-Genial.
Harry corrió a ponerse en la improvisada portería y yo me posicioné para tirar.
¿Qué quería, que el balón entrara y que Harry me dejara en paz o, por el contrario, quería quedar luego con él?
Podía escuchar a los cuatro animar. Se habían repartido, dos y dos, y cada uno animaba a uno.
Niall y Liam me animaban a mí, mientras que Louis y Zayn animaban a Harry.
Corrí hacia el balón y…Espera, ¿Louis animaba a Harry y no a mí? Le pegué al balón sin mirar y, cuando fui consciente, miré dónde iba. Llegué a tiempo de ver cómo el balón salía limpiamente por el palo derecho, sin apenas rozarlo.
Oh, vaya.
Había fallado, y eso significaba que tendría que quedar con Harry.
-Bueno…Ha estado cerca.
-No me mientas, Zayn. Ha sido un tiro cacas.-le dije.
Harry se acercó con el balón entre las manos y con una sonrisa de suficiencia en la cara, como si ya se hubiera previsto esto.
-Como caballero que soy, te doy otra oportunidad-dijo, tendiéndome el balón.
Yo lo cogí.
-Pero recuerda el trato. Sigue vigente.
-Que sí.-le dije, con fastidio.
Coloqué el balón y escuché.
Los grupos se habían cambiado.
Ahora Louis me animaba.
Tiré.
Por increíble que pareciera, fue gol.
Salí corriendo y me tiré contra Louis y Zayn para celebrarlo.
-¡Bien, bien!
-¡Yupy!
-Y no digas que te has dejado marcar, Harry-le dijo Niall-Porque te lo has comido enterito.
Acordamos entrar en casa y tomarnos algo.
Yo me decanté por una lata de Coca Cola que no podía abrir. Zayn se apiadó de mí y de mi alma y me la abrió.
-Jo, muchas gracias.
-Ya ves tú. Que todas las cosas sean como estas.
Luego me fui a sentar al salón, con Louis, mientras los demás hablaban en la cocina.
-Así que sois One Direction y vivís todos juntitos en paz y armonía en esta casa. Es genial.-le dije.-Supongo que, algún día, me permitiréis escuchar alguna de vuestras canciones.
-Faltaría más. Creo que tenemos por ahí una copia del albúm, luego recuérdame que te la dé y me dices qué tal.
-¿Qué? ¿De verdad? Eso sería fantástico. Muchas gracias.
-Fantástico ha sido tu gol de antes.
-Nah, no es para tanto… Es que Harry es un manta de portero.
Ambos nos reímos.
De repente, un avión de papel me dio en la cabeza.
-¡Ah! ¿Y esto?
Miré en todas direcciones y descubrí a Harry medio escondido en el pasillo.
-Ah, este Harry…-dijo Louis, mirando a la tele-No es persistente ni nada…
Desdoblé el avioncito y vi que dentro había algo escrito.
“¿Quieres quedar luego conmigo? (: Fecha, lugar y hora”
Sonreí y, después, reí tontamente.
-Louis, ¿tienes un boli o algo que escriba?
-Sí, toma.
Se levantó, abrió un cajón y me dio un boli.
-Gracias.
-¿Qué pone en la nota?-dijo, metiendo la cabeza en ella.
Lo vio, se río y negó con la cabeza.
-Este chico… Es muy insistente, ya lo verás. Cuando se le mete algo en la cabeza, no para hasta que lo consigue.
-¿Si? Pues le deseo suerte, falta le va a hacer.
Louis rió.
Yo me dispuse a responderle a Harry a su nota. Me entretuve un rato, dibujándole un dibujito y todo y, cuando acabé, se lo enseñé a Louis, que se rió de nuevo.
-Oh, Cris. Me alegro de que Niall te encontrara tirada en la calle. Me caes bien.
Mi estómago volvió a hacer acto de presencia. Tuve la misma sensación que cuando te subes a una atracción, esa que subes a lo alto y te deja caer.
-Vaya, gracias Louis.
Doblé el avión de nuevo y se lo lancé a Harry, que corrió a perseguirlo por el pasillo.
Louis y yo oímos su exclamación al ver la respuesta, que fue esta:

Niall, Liam y Zayn hicieron su aparición.
-¿Qué le pasa a Harry? Está corriendo de un lado a otro del pasillo, diciendo “Esto no puede ser, ¿cómo puede ser capaz de negarse?”.
-Nada, Zayn. Harry acaba de aprender de la peor manera que yo soy la reina del no rotundo.-le expliqué.
-Ah, ya… Me hago una idea de lo que le pasa entonces. Nunca ninguna chica le había dicho que no.
-Ah, Zayn. Siempre hay una primera vez para todo-dijo Louis, cambiando de canal.
Aunque en el fondo no quería irme, pensé que era lo mejor.
-Estaréis cansados después de todo. Supongo que querréis descansar.
-No, estamos bien.
-¡No te vayas!
-¡Llévame contigo!
-¡Cállate, Harry!-dijo Louis, tirándole un cojín.
Luego fue a darle un abrazo.
Yo reí.
Pobre.
-¿Quieres que te acompañe a tu casa?-sugirió Niall.
-Sí, no vaya a ser que me pierda otra vez…-Reímos-No, gracias, no hace falta. Creo que esta vez me sé el camino. No hay pérdida.
Me despedí de todos ellos e, incluso, incluí un abrazo para Harry, que me dio pena.
-¿Nos veremos pronto?-pregunté.
-Mañana nos veremos. Si quieres-dijo Liam.
-Me encantaría.
Me despedí de nuevo y me fui a casa.
Les conté a mis padres la tarde que había pasado.
-Uuuh…Ese Harry…
-El que la sigue la consigue, ¿eh?
-No en este caso, papá. No soy un capricho de tantos otros que él puede darse.
Cené, muy animada y me fui a dormir.
Sonreí como una estúpida al sentir las cartas de Niall bajo la almohada y, antes de dormirme, estuve pensando qué me pasaba cuándo veía a Louis. Ese sentimiento en el estómago me daba que no podía traerme nada bueno…
¡Bueno! Pues aquí el 2 capítulo de Forever Young. ¿Qué? ¿Qué opináis? :3 Yo, sinceramente, me he echado unas risas xDDD Pues nada. Bastantes habéis sido las que me habéis dicho de salir en la novela. De ello habrá que hablar.
Sinceramente vuestra (?)
Cris.
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