Suspiré y traspasé la puerta de la academia.
Era como si hubiera estado aquí ayer y es que, de hecho, lo
había hecho.
“¿Quieres volver a
bailar? ¡Ja! ¿Acaso recuerdas cómo se hace?”
Que gusto da una madre que confía en ti.
“Bueno… No importa. A
tu padre y a mí nos parece bien. Así te mantendrás ocupada, y, ¿quién sabe?
Puede que logres ser tan buena como antes. O más”.
Así que aquí estaba.
Mi primer día.
Sonreí a Kate, la chica rubia de la recepción.
-No esperaba verte tan pronto.-me dijo.
-Bueno, nadie espera nunca verme, así que…
Ella rió.
-Anda, ven. Te llevaré a tu clase.
-Por mí como si no quieres hacerlo, ya ves tú…
La seguí a través de un largo pasillo con muchas puertas, la
mayoría de ellas abiertas. Fui metiendo la cabeza en las diferentes
habitaciones, para golisnear.
En una se bailaba salsa, rumba, el mítico flamenco que a mí
nunca me había gustado, break dance, ballet…
-Es aquí-dijo, parándose en una de las puertas cerradas casi
al final del pasillo.
Me puse a su lado y Kate abrió la puerta.
Me asomé al interior, con miedo. ¡Quién sabe si la gente que
había dentro querría comerme!
Vi dentro varias chicas, más o menos de mi edad suponía, repartidas
por el cuarto. Tres chicas hablaban en un rincón y se reían de vete tú a saber
qué, las demás estaban a sus anchas.
-La profesora aún no ha venido.-dijo Kate.-Te veo luego y me
dices qué tal tu primer día.
Con amabilidad, me empujó dentro y cerró la puerta tras de
mí.
En mi retorcida imaginación me imaginé que echaba la llave y
después la tiraba por el retrete, tirando de la cadena, por lo que nunca podría
salir de allí.
Agité la cabeza para apartar de mí tan absurdos
pensamientos.
Hoy tocaba con Alice, como martes que era.
Lunes y martes con Alice.
Miércoles y jueves con Jared, el profesor.
No, si aburrirme no me iba a aburrir, no.
Decidí apartarme de la puerta, no fuera a ser que abrieran y
se me llevaran por delante y me rompieran la otra pierna. Lo que me faltaba,
vamos.
Al hacerlo, me acerqué sin querer al grupo de las tres
chicas que se reían. Dos estaban apoyadas en la pared, escuchando riéndose el
relato de una rubia, que me daba la espalda.
Debía de tener ojos en la nuca, porque se giró y me taladró
con sus ojos azules.
-What?-le dije yo, con toda la chulería del mundo.
Ella me dijo algo en inglés muy rápido.
Por las risas de sus amigas, sospeché que acababa de
insultarme.
-¿Tu madre bien, no?-le dije en español.
Me reí al ver su cara de no entender.
Pues te fastidias, mona.
Me alejé de ella, no fuera a querer arañarme o sacarme los
ojos con el afilador de uñas y empecé a mirarme en el espejo.
No llevaba el bodi que me habían dicho que tenía que traer. No.
Yo esa ridiculez no me la ponía ni aunque me pagasen por ello. Llevaba unas
cómodas mayas negras y una camiseta larga de tirantes, a rayas blancas y
azules.
Como tenía el pelo castaño rizado muy largo, decidí hacerme
una coleta para que no me molestara, así que me quité el coletero azul de la
mano y me la hice.
Estaba pensando que la rubia y yo teníamos unos ojos muy
parecidos cuando Alice (o creí que era ella) se presentó.
Era alta y esbelta, con ojos verdes y una melena negra
recogida en un mono.
Saludó a todas sus alumnas, paseando la mirada por el
cuarto, hasta que sus ojos quedaron fijos en mí.
-Supongo que eres la nueva.
-Supones bien.
Noté a la rubia mirándome mal.
Supongo que Alice sería algo así como su diosa, y no
toleraba que le hablaran de esa manera. Pero… Yo ya lo dije hace tiempo. La
educación se me perdió por el camino hacia Londres.
Alice rió.
-¿Kate no te avisó de que tenías que traer bodi?
-Lo hizo, pero yo no la hice caso. Lo siento, yo eso no me
lo pongo.
-¿Por qué?
-He bailado antes y no me ha ido mal sin él. No voy a
empezar a ponérmelo ahora.
Bueno, bailé sin él y me rompí una pierna. Tan mal no me
había ido… (Sarcasmo).
Alice sonrió.
-Bueno, está bien. Realmente no es muy importante. Sí, ya
leí tu historial… ¿Crees que estás preparada para seguir nuestro ritmo?
-Yo estoy preparada para lo que me echen.
Algunas chicas rieron, pero la rubia negó con la cabeza, lo
que hizo que sus dos amigas también lo hicieran. Me pregunté si había sido una
casualidad de la vida o si, por el contrario, poseían la poderosa mente
colmena.
-No lo dudo, pero, de todas formas, hoy practicaremos cosas
sencillas. ¿De acuerdo?
Yo me encogí de hombros.
-Aquí la profe eres tú.
Sonrió.
-Bien-dijo, acercándose a un equipo de música y
activándolo-Entonces, ¿preparadas?
Ella se puso delante y nosotras detrás, en dos filas.
Yo me aseguré un puesto en la esquina izquierda de la fila
de atrás, para evitar que nadie se fijara en mí.
La rubia se puso justo detrás de Alice y sonreía a casa paso
que daba.
Lo sé, claro está, porque la veía por el espejo.
Estuvimos como cerca de media hora copiando los movimientos
de Alice, dado que era algo así como el calentamiento.
Mis compañeras la seguían bastante bien, pero yo comenzaba a
cansarme.
Había pasado demasiado tiempo sin dar un palo al agua en lo
que respectaba al ejercicio y ahora darme una panzada a bailar no me hacía
mucho bien…
Empecé a dar muestras de cansancio y vi, por el espejo, que
la rubia me miraba como diciendo “Oh, ¿qué te pasa, bonita? ¿Estás cansada? Qué
lástima…”.
¿Quién cansada? No seré yo, bitch.
Y me esforcé más.
Dejando a un lado la parte de que estaba cansada, me lo
estaba pasando en grande.
Me había olvidado lo que era dejar la mente en blanco y
dejar que tu cuerpo hablara. Era muy relajante (menos cuando te cansabas,
claro) y me permití pensar en mis nuevos amigos, a los que, sin querer, les
había cogido cariño rápidamente.
¡Oh! Y también recordé a mis otras amigas, las de Madrid, de
las que nada sabía desde hacía tiempo.
-¡Bueno, ya está bien!-dijo Alice, parando la música.-Podéis
descansar un cuarto de hora. Excelente trabajo, chicas.
Yo sabía que no hablaba por mí, dado que aún estaba un poco
verde. Como Louis me había dicho, me faltaba entrenamiento, pero para eso me
había apuntado, ¿no?.
La rubia y sus dos amigas habían vuelto a su esquina y yo me
senté en unas colchonetas azules que había apiladas a un lado.
Entonces, una choca morena, bastante más alta que yo y con
los ojos marrones oscuros se me acercó.
-Perdona…¿Puedo sentarme?
-¿Eh? ¡Ah, claro!-dije, echándome a un lado y dejándola un
sitio.
-Gracias-dijo, sentándose.-Soy Bego.
-Yo soy Cris-dije, tendiéndola la mano, que ella estrechó.
¿Qué? Yo me presento así.
-Eres la primera que le chulea a Amber, ¿sabes?
-¿Amber? ¿Qué es eso? ¿Se come?
Ella río.
-Amber es la rubia con la que te peleaste hace rato.
-¡Ah! ¿Y qué pasa?
-No, nada. Que tuviste valor.
-¿Por qué? ¿Acaso va a partirme las piernas por eso? Quizá
deba decirle que una ya me la partí yo solita, que si puede ser, pruebe a
partirme otra cosa, para no repetir.
Bego río.
-No, mujer. Tanto no. Es sólo que a Amber no le gustan las
nuevas en su academia.
-¡Ah, pero…! ¿Qué es suya?-pregunté, echando una mirada.
-No, pero ella así lo considera. Es hija de la directora.
-Entonces lo que es es una enchufada.
-Sí, pero algo de talento también tiene…
-Nada que no pueda tener una foca amaestrada.
Reímos las dos.
-Antes le dijiste algo que no entendí…
-¡Ah! Le hablé en español. Soy de España. Me mudé aquí hará
cosa de una semana, más o menos.
-¿De verdad? Vaya, nunca había conocido a una española.
-Bueno, tampoco habías conocido a nadie que chulease a Amber
y mira. Hoy debe ser tu día, ¿no crees?-dije, sonriéndola.
-Eres divertida.
-Divertida es mi segundo nombre. Bueno… En realidad no
tengo, pero finjamos que sí, ¿vale?
Reímos.
-¡Bueno, chicas!-dijo Alice, dando una palmada-Prosigamos.
Bego y yo nos levantamos de las colchonetas y ocupamos los
mismos puestos de antes.
-Vamos a seguir con la coreografía de “Marry the night” de
Lady Gaga, ¿de acuerdo?
Yo miré a Bego en busca de ayuda.
-No te preocupes-me dijo-La empezamos ayer, así que no vamos
muy adelantadas.
-Ah, bueno…
Al principio, me tomé la canción en serio, fijándome
detenidamente en los pasos y cantándola por lo bajini, pero, cuando se acaba la
clase, Bego y yo estuvimos haciendo payasadas, bailando como unas locas y
tirándonos sobre las colchonetas.
Acabé hecha polvo.
Fui con Bego al baño para refrescarnos un poco.
-Dios, estoy deseando llegar a casa para darme una ducha-le
confesé.
-¿Nadie te lo dijo? Aquí tenemos duchas.-dijo,
enseñándomelas.
-Fíjate, que a Kate se le pasó por alto comentarme ese
pequeño detalle… Bueno, ya habrá ocasión la próxima vez.
-Sí, tienes razón. Oye, ¿y por dónde vives? Quizá podamos ir
juntas a cosa.
Yo le comenté dónde vivía.
-¡Ah, eso es muy cerca de dónde yo vivo! ¡Podremos ir
juntas!
Le sonreí, contenta.
Tenía a los chicos como amigos, pero echaba de menos algo de
compañía femenina. ¿Podría contarle a Bego lo de Louis? Bueno, quizá fuera
demasiado pronto…
-¿Y te has hecho muchas amigas? Digo, claro, como sólo
llevas aquí una semana…
-Pues no. Eres la primera. Lo que sí tengo son bastantes
amigos.
-Wow, wow. Chicos, ¿eh?
-Sí, haha.
-Que morro. Yo tengo amigos, pero los normales, no sé…
Fuimos a la recepción, donde cogí mi chaqueta y me la puse.
-¡Adiós, Kate!-le dije, en español.
-Adiós-dijo ella, intentando imitarme.
Salimos por la puerta y el alma se me cayó a los pies.
-¿Louis?-dije, asombrada.
Allí estaba Louis, con unos pantalones rojos remangados, una
camiseta parecida a la mía, con las rayas blancas y azules, apoyado en un
coche, con las manos metidas en los bolsillos.
-¿Louis?-repetí, avanzado hacia él-¿Qué haces aquí?
Él sonrío.
-¿Qué pasa? ¿Qué no puedo venir a buscarte a la academia?
Sonreí involuntariamente.
-Claro, claro que puedes.
Avancé para abrazarle y le pasé los brazos por el cuello.
Él rodeó mi cintura con sus brazos y me atrajo hacia sí.
Yo, al sentir esa proximidad, suspiré, y mi corazón empezó a
latir descontroladamente, tanto, que tuve miedo de que él lo notara.
Donde yo estaba apoyada, podía oír sus latidos. ¿Cómo podía su
corazón latir tan tranquilo cuando el mío se sacudía como un pájaro atrapado en
una jaula?
Me separé.
-También iba a venir Niall, pero en el último momento tuvo
que quedarse para afinar la guitarra, que Harry le había desafinado.
Miré hacia todos los lados.
-¿Y Harry?
-En casa. ¿Por qué? ¿Acaso querías que viniera?
-¿Bromeas? En casa está mucho mejor.
En ese momento, caí en la cuenta de que Bego seguía ahí,
mirándonos.
-¡Ah, perdona!-dije, dirigiéndome hacia ella, por lo que me
aparté de Louis. En el momento en el que sus manos dejaron de estar sobre mi
cintura, algo murió dentro de mí.-No os he presentado. Louis, esta es Bego. Es
mi primera amiga aquí.
-Encantado.
-Igualmente. Oye, ¿nos conocemos de algo? Tu cara me resulta
muy familiar…
Louis rió.
-Formo parte de One Direction.
-¡Ah!-exclamó Bego-¡Es cierto! ¡Y ese Niall y ese Harry que
habéis mencionado son también de la banda! ¡Cris! ¿Son ellos los amigos de los
que me has hablado?
Asentí.
-En efecto, ellos son.
-¿Qué tendrá la españolita, que a todos agrada y a todos
gusta?-dijo ella, riéndose.
-No sé, habrá que preguntárselo al mundo, ¿no crees? Y te
olvidas de que a todos no. Amber no me quiere.
-Pero lo hará. Con el tiempo.
-¿Amber?-preguntó Louis, perdido.
-Nada, Louis. Una historia muy larga.-le dije.-Vámonos,
anda.
Y los tres echamos a andar.
Yo estaba radiante de felicidad.
Louis me había ido a buscar a la academia. Y sin yo
pedírselo. Había ido porque él había querido. ¡Qué sorpresa más agradable! Si
muriera ahora, moriría feliz.
-¿Cómo sabías que me apunté a la academia? Si no se lo dije
a nadie-pregunté, con curiosidad.
-Bueno, fui a buscarte a casa y tu madre me lo dijo. Así que
vine a buscarte.
-¿Me fuiste a buscar por algo en especial?
-En verdad, sí. Quería preguntarte si te gustaría venir al
concierto de esta noche.
Me le quedé mirando con los ojos como platos.
-¿Qué? ¿En serio?
-Sí, claro. Duraría como una hora y media más o menos y
luego podríamos cenar algo todos juntos o algo.
Yo miré a Bego.
-¿Puede venir ella también?
Louis la miró y sonrió.
-¡Claro! Las amigas de Cris son mis futuras amigas.
Pero sólo amigas, ¿eh, Louis?
Bego sonrió.
-¿De verdad puedo ir yo también? ¡Nunca he ido a un
concierto!
-Ya te lo dije, hoy es tu día, ¿eh?-le dije.
-¡Sí!
-El recinto no es muy grande, pero supongo que os gustará.
Bego y yo nos miramos y reímos.
Pobre Louis. Se pensaba que nos preocupaba el recinto.
-¿Me dará tiempo a ducharme?-le pregunté, preocupada.
Louis se miró la muñeca, vio que no tenía reloj, metió la
mano en el bolsillo, se dio cuenta de que no tenía el móvil, cogió mi muñeca,
vio que no tenía reloj, metió la mano en mi bolsillo de la chaqueta, cogió el
móvil, miró la hora y lo volvió a guardar.
-Claro. Dispones de una hora.
-¿Sólo?-dije, lastimeramente.
De sobra era sabido, que, por regla general, las chicas
necesitábamos bastante tiempo para arreglarnos. Y más si era para una ocasión
como esta.
Louis rió.
-Siento no poder darte más tiempo. Si estuviera en mi mano…
-¡Bueno, chicos!-dijo Bego-Yo vivo un par de calles más
allá.
-Pues nosotros allí-dije, señalándole nuestras casas, que se
veían al fondo-Es que encima somos vecinos.-le expliqué.
-¡Qué suertuda la españolita esta! Bueno, nos vemos dentro
de una hora. Estaré esperando allí, ¿vale? ¡Adiós!
-¡Adiós!-la despedimos los dos.
Cuando la vimos cruzar la calle, seguimos andando.
Aww. A solas con Louis.
-Me ha encantado el detalle de verte a la salida de la
academia, de verdad.-le confesé.
Louis sonrió, lo que hizo que mi pulso se acelerara.
-Nada, mujer. Ya ves lo que me cuesta.
Llegamos a nuestras casas.
-Tienes una hora a partir de… ¡Ya! ¡Corre, vamos! Uno, dos,
tres…-dijo.
Yo corrí, me metí en casa, subí las escaleras, las bajé,
saludé a mis padres, les comenté lo que iba a hacer y qué tal las clases, subí
las escaleras y me metí en la ducha. Salí con prisas y abrí mi armario, el cual
seguía con toda la ropa arrugada y tirada por el suelo, pero ahora, al menos,
sabía lo que buscaba.
Cogí una falda corta (pero tampoco mucho, a ver qué nos
vamos a pensar…), una camiseta que me descubría los hombros, una chaqueta y
unos tacones. ¿Iba preparada para un concierto o me estaba preparando para…?
¡No! Mi vestimenta no tenía nada que ver con intentar impresionar a Louis,
claro que no.
Miré el móvil.
¡Ja! Ya estaba duchada, peinada, vestida y preparada y aún
me sobraban cinco minutos.
Decidí no hacerme esperar y me dirigí a casa de los chicos.
Llamé al timbre y, de nuevo, Liam me abrió la puerta.
-¡Sí, Niall, lo dejé encima del…! ¡Dios santo! ¿Cris?-dijo,
mirándome de arriba abajo.
-¡Yo misma! Hola, Liam. ¿Qué te pasa?
-Oh, nada, es sólo que… Vaya, fiu. No estás nada mal.
-Mentiroso, anda, déjame pasar o hacedme mi propia copia de
la llave.
Los dos reímos y pasamos al salón.
-¡Te juro por mi vida que no lo encuentro, Liam!-dijo Niall,
que buscaba algo entre los cojines del sillón-¿Has abierto la puerta a…? ¡Ah,
Cris! Pero, ¿qué tenemos aquí?-Asintió con la cabeza-Nada mal, desde luego.
Liam me miró.
-¿Ves? ¿Y a él no le llamas mentiroso?
-A él le perdono porque es miope y no ve correctamente pero
tú no tienes excusa.
Liam suspiró.
No pregunté dónde estaban los demás, porque supuse que se
estarían vistiendo.
-¿Quieres que te ayude a buscar eso que no encuentras?-le
dije a Niall.
-Vale. Es una púa. Es que me gusta mucho. ¡Cómo me fastidia
buscar algo que no encuentro!
-Yo te ayudo. ¿Por dónde busco?
-Mira por ahí, a ver.
Los dos nos pusimos a buscar.
-¿No me ayudas, Liam?-preguntó.
-Es que en el sillón se está muy bien.
-Vago.
-¡Eh, Niall! ¡La tengo!-dije, tendiéndole una púa de color
azul.
-¡Ah, genial, gracias! ¿Dónde estaba?
-Bajo el sillón.
-Ahí podía estar, claro… Muchas gracias.
-No se dan.
-¿El qué no se da?-dijo Zayn, apareciendo de repente,
seguido de Louis.
-¡Cotillo!-le dijo Niall.
Louis me silbó.
-Cuando yo te dejé en tu casa, no estabas así, ¿eh? Estás
muy bien.
Si no fuera porque detrás tenía una mesa, me hubiera caído
hacía atrás, pero no quería partirme la crisma. Al menos, no en esos momentos.
-Gracias-dije, sonriéndole con una sonrisa de oreja a oreja.
“Valiente payasa”,
pensé “Te vas a delatar tú sola”.
-¿Y Harry?-pregunté, para distraerme.
-Mucho preguntas tú por él últimamente…-dijo Louis.
-No, es que se me hace raro no ver sus rizos por aquí.
-¿Quién pregunta por mis rizos?-dijo el aludido, apareciendo
por allí.
-Yo.
Harry me miró y abrió los ojos exageradamente.
-¿Es cierto esto que ven mis ojos? ¡Wow! Estás que te sales,
gatita.
-Otro mentiroso. Anda, toma-dije, tirándole algo-Me acordé
de ti al entrar en la academia y cogí unos cuantos caramelos para ti. Y no me
llames más gatita.
Llamaron a la puerta.
-¡Ya voy yo!-dijo Niall, canturreando.
¿Sería Bego?
-¿Al final te apuntaste, verdad?-me preguntó Harry.
Asentí.
-¿Y qué tal?
-Oh, bien. Ya te contaré, si quieres.
-Claro. Pero sigo queriendo verte bailar.
Le saqué la lengua.
-Y yo quiero un pinsajo, no te digo.
-¿El qué?
-Olvídalo.
Nos giramos para ver a Niall entrar con Bego.
-Oh, vaya-exclamé, pues no era Bego quien entraba.
Era Annie.
¡Bueno, gentes! Aquí el 5. Aviso de que no sé si el fin de semana que viene podré subir capítulo de nada, pues tengo exámenes y cosas. Espero comprensión. Espero que este capítulo os haya gustado, y si no, como bien dije anteriormente, mataré una escoba y me iré a los Juegos como tributo del distrito x. Que la suerte esté siempre, siempre de nuestra parte, amigas mías.
Todavía podemos seguir hablando de los puestos en la novela y, no sé, cualquier otra cosa que queráis comentar (que será nada, claro, como si lo viera...) Pues eso.
Besitos en la nuca, por no encontrar otro lugar más absurdo.
Cris Bieber Horan Styles.
Me tienes enganchada perdida con el fanfic, escribes genial :)
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